Hoy, la modalidad de la asociación despierta cada vez  más interés entre los fieles laicos; “La Iglesia del siglo XXI será la de los Laicos o no será”, afirmó Juan Pablo II. Y los laicos, en su compromiso eclesial, identificados con la inspiración de un modelo que convence, son los brazos largos que potencian la misión de una sociedad de vida apostólica como la nuestra.

Los eudistas, conscientes del importante papel que tienen los laicos en la misión apostólica y los valiosos y novedosos aportes que realizan desde sus diferentes ámbitos de formación y trabajo, su entusiasmo, sus experiencias, han acogido de manera consciente y responsable el compromiso de los laicos, y los han venido vinculando a sus diferentes obras, queriendo construir con ellos nuevos caminos de evangelización y de servicio a la Iglesia.

Esta experiencia de vincular con audacia a los laicos a la vida eudista está iluminada desde las Constituciones y el legado de san Juan Eudes, que trabajó siempre con los laicos, entre quienes contó con grandes amigos.

Los amigos, asociados y colaboradores eudistas somos hombres y mujeres, jóvenes y adultos, que nos descubrimos amados por Dios Padre, redimidos por Jesucristo y fortalecidos por el Espíritu Santo, nos reconocemos llamados por Dios a no acomodarnos a lo que el mundo propone, y encontramos en la CJM un espacio y un camino para:

- avanzar en nuestra fe cristiana católica, participando activamente en la “escuela de santidad” que propone san Juan Eudes,

- tener una espiritualidad sólida que dinamice nuestra condición de personas en el mundo y encienda en nuestro ser un fuego que no se apaga,

- compartir fraternalmente con otras personas, para fortalecernos mutualmente como discípulos y misioneros de Jesucristo, todo lo cual nos enriquece integralmente, da sentido a nuestra vida y nos lanza a construir el reino de Dios en las realidades en que nos corresponde vivir.

Nos vinculamos a la CJM a través de las comunidades locales:

- como amigos de los Eudistas, con un vínculo fraterno que nos lleva a compartir, con cierta libertad, espacios de celebración, espiritualidad y misión;

- como asociados eudistas, con un vínculo jurídico, con compromisos y responsabilidades desprendidos de las Constituciones Eudistas y del Estatuto de Asociados, que nos dan identidad y carácter y nos permiten ser miembros de la misma familia, de la que somos responsables solidarios, y compartir, según nuestra condición, la espiritualidad, la fraternidad y la misión con los eudistas;

- como colaboradores de los eudistas, a través de servicios voluntarios o laborales, en las casas y obras de las provincias eudistas.

Sin dejar de ser lo que somos, sin dejar de lado nuestra propia vida familiar y profesional, participamos:

- en espacios de formación, mediante reuniones y cursos presenciales o virtuales,

- en encuentros espirituales, retiros, momentos de oración,

- en misiones y acciones apostólicas y evangelizadoras,

- en reuniones celebrativas de la vida de la comunidad,

- en proyectos para garantizar la sostenibilidad de las obras.

En las diferentes  Provincias Eudistas, los laicos que estamos comprometidos e  inspirados por la espiritualidad de san Juan Eudes, realizamos  nuestro proyecto de vida cristiana con varios acentos y en varios campos comunitarios y eclesiales:

- En  el ejercicio de la misericordia, el compromiso por la justicia social, la equidad y la paz: en el servicio a los pobres y en la realización de proyectos y programas para promover el desarrollo integral de personas y comunidades;

-En  la acción evangelizadora explícita, con el anuncio del kerigma, para buscar la renovación de la fe y de la vida cristiana, con la fuerza del Espíritu Santo, en el contexto del documento de Aparecida (principalmente) de manera personal y a través de los actuales medios de comunicación;

- En la acción pastoral parroquial, en los distintos servicios de la vida de las parroquias eudistas y, en algunos casos, de diócesis donde no hay eudistas, a las que pertenecemos, pero siempre con espíritu eudista.

- En la formación de buenos obreros del evangelio, a través de actividades de formación espiritual, bíblica, teológica y pastoral;

- En el apoyo a las vocaciones sacerdotales eudistas;

- En el acompañamiento fraterno a los presbíteros eudistas.

“La vida se nos ha dado para amar, servir y adorar” (Rafael García Herreros, eudista).

Los eudistas incorporados, en las diferentes provincias, definen espacios de participación, misiones, retiros, grupos de oración, obras, e invitan a los laicos, desde sus propios contextos, a vivir la fraternidad, la espiritualidad y la misión desde las comunidades eudistas locales.

Desde estas tres categorías de vinculación con los laicos: amigos, asociados y colaboradores, se construye la comunidad en estructuras flexibles, motivadoras e inspiradoras, para ser escuela de santidad, comprometida en hacer que Jesucristo viva y reine en ella y en el mundo”.

Los laicos que trabajamos en los diferentes frentes (laborales, apostólicos) con los eudistas somos reconocidos y valorados como parte importante y portadores del ser y hacer de la obra eudista y sentimos el llamado a servir a la Iglesia desde esta espiritualidad y fortalecer el vínculo laboral en perspectiva de fe, que marque la diferencia; los colaboradores de las diferentes obras de los eudistas aceptan y respetan el carisma y la espiritualidad y reciben formación desde esta visión cristiana.

Sin constituir un movimiento apostólico, tenemos nuestras propias reuniones y momentos de organización, planeación y fortalecimiento de nuestro ser y quehacer, para actualizar el carisma eudista en el mundo laical, en este siglo XXI, “juntos para la misión”, ejerciendo la misericordia, trabajando por la formación de buenos obreros del Evangelio, para amar a Dios y hacer su voluntad con corazón generoso y ánimo decidido y servir a Cristo y a su Iglesia, en santidad y justicia, todos los días de nuestra vida.

“Vengan y dediquemos juntos que nos queda de vida al servicio de nuestro Maestro” (San Juan Eudes).