LOS CANDIDATOS

Los candidatos son aquellos que, respondiendo al llamado de Dios, a través del Hijo, con la fuerza y la ayuda del Espíritu Santo, quieren servir a Cristo y a su Iglesia de manera especialísima dentro de la Congregación de Jesús y María (CJM). Los jóvenes admitidos a nuestro proceso inicial de la formación eudista desarrollan, primero un tiempo de acompañamiento vocacional dentro de un grupo de vocacionados y acompañados por un equipo de eudistas, y luego, pasan a la etapa de la probación para que continúen su discernimiento vocacional de una manera más firme y comprometida

La formación a lo largo de la probación se propone lograr el progreso integral de la personalidad del candidato, dentro de una coherencia cada vez mayor entre su fe y su vida, a fin de favorecer la plena realización de su vocación según el plan de Dios.

  • salud adecuada;
  • cultura general de base;
  • estudios de pregrado realizados o iniciados, con al menos los cursos de filosofía requeridos para ingresar a la teología;
  • existencia de una verdadera actitud y disposición para el proceso formativo;
  • capacidad de opción a partir de motivos auténticos y sentido de responsabilidad;
  • recta intención;
  • juicio recto y solidez moral;
  • deseo profundo de vida cristiana;
  • capacidad de vivir en comunidad, en obediencia y en espíritu de fe;
  • afectividad serena y equilibrada y adecuado desarrollo de la capacidad relacional;
  • buena experiencia de vida cristiana y de apostolado;
  • amor por San Juan Eudes y por la misión eudista.

LOS INCORPORADOS

Constituciones 7 y 75
Después de la Probación, que dura como mínimo 4 años, los eudistas se vinculan a la Congregación normalmente dentro de una provincia, mediante una promesa de fidelidad perpetua, llamada “Incorporación”. Este acto crea, entre la CJM y el incorporado, derechos y deberes recíprocos, definidos por las Constituciones.

¿Qué es la Incorporación?

La Incorporación es la entrada definitiva en la Congregación para el servicio de la Iglesia. Es además la respuesta que da el que desea formar parte de la Congregación de Jesús y María, al llamamiento que le dirige el Padre, por medio del Hijo, en el Espíritu Santo. Por este acto ratifica la elección que ha hecho de esta sociedad para realizar en la Iglesia su vocación a la santidad, mediante la adoración y la alabanza, y dentro de una vida apostólica vivida en comunidad.

¿Qué conlleva la Incorporación?

Por la incorporación se establece, entre el incorporado, los demás Eudistas, y la Congregación, un compromiso recíproco de fidelidad:

  • el que se incorpora se compromete a vivir y morir en la Congregación para servir en ella a Cristo y a su Iglesia, a observar las Constituciones y a realizar las tareas que le serán confiadas;
  • los que ya están incorporados lo acogen como a hermano y comparten con él los riesgos de su compromiso, sus esperanzas, sus alegrías, sus penas y sus esfuerzos;
  • la Congregación se compromete a proporcionar al incorporado los medios de santificación previstos en las Constituciones, a dedicarlo al servicio de la Iglesia y a proveer a sus necesidades temporales.

La Incorporación es, por su naturaleza, un compromiso perpetuo, pero el superior general puede dispensar de él, con el consentimiento del consejo general. En virtud de la Incorporación los clérigos quedan incardinados a la Congregación de Jesús y María.

LOS ASOCIADOS Y AMIGOS EUDISTAS

Los Asociados son miembros de la Iglesia que deciden asociarse a la Congregación de Jesús y María para enriquecer su vida espiritual, su vida fraternal y su servicio misionero.
La presencia de los Asociados es una gracia de nuestro tiempo para toda la Iglesia (cfr. Juan Pablo II, Vita Consecrata 56), y de manera particular para la Congregación de Jesús y María. La 63ª Asamblea General de Quito 2001 confirmó la decisión de los Incorporados de dar espacio a los Asociados. La Asamblea General siguiente de Québec 2007 definió la asociación a la Congregación de Jesús y María en la Constitución 7b.
La asociación significa comunión en la fe y en la misión, y está fundamentada en el bautismo como también sucede para la incorporación (Const. 6).
La petición de asociación conduce a un acto de compromiso mutuo entre la Congregación y los bautizados implicados. Este compromiso espiritual crea, entre el asociado y la Congregación de Jesús y María, derechos y deberes recíprocos de carácter fraternal y misionero, determinados en las Constituciones.
Ser asociado es una manera de entrar en la familia eudista y comprometerse cada vez más al “servicio de Cristo y de su Iglesia”.