Santa Juana Juagan nace el 25 de octubre de 1792 en Cancale (Bretaña, Francia), es la sexta de ocho hermanos. Durante su juventud se desempeñó como ayudante de cocina y ayudante enfermera en el hospital “Du Rosais”.

Decidió rechazar una petición de matrimonio, debido a que, su mayor deseo siempre fue guardar su vida para Dios. En el año1817, a la edad de veinticinco años Juana Jugan ingresó en la Orden Tercera del Corazón de la Madre Admirable, fundada por san Juan Eudes en el siglo XVII. Allí comprendió el significado concreto de ser cristiano, se expresaba diciendo: “No tener más que una vida, un corazón, un alma, una voluntad con Jesús”. Ésta indudable certeza encendió en ella una permanente ocupación por los pobres y la necesidad de formar en sí misma la virtud de la humildad: “Ser humilde como lo fue Jesús”.

Una vivencia conmovería sus entrañas en el año 1839 al encontrarse con una mujer de edad avanzada y con un delicado estado de salud, que pasaba sus días en la soledad. La hermana Juana la asistió diligentemente y la llama encendida en su corazón de entregar su vida a los más necesitados se avivaría hasta el final de su vida.

En el año 1841 alquiló un lugar que pondría a disposición de adultos mayores, allí recibió solamente 12, pero al año siguiente, gracias a una heroica hazaña, serían 40 personas a las que la hermana Juana tendría el gusto de servirles. Ésta fue la oportunidad para que Juana Jugan diera inicio a su Congregación. Entre los años 1846 y 1850, la Congregación se extendió en Francia, tiempo después en América y África, y después de la muerte de la hermana, llegaría a Asia y Oceanía.

Admirable es la humildad que siempre la caracterizó; en el año 1843 había sido elegida superiora de su Congregación, sin embrago, el padre La Pailleur (que había estado cerca de la obra desde su inicio) anuló su elección y nombró a la hermana Marie Jemet. Juana contemplaría en ello la voluntad de Dios y seguiría luchando intensamente por su obra sin desfallecer.

En el año 1852 el obispo de Rennes nombraría al padre La Pailleur como superior de la Congregación y enviaría a la hermana Jugan a la casa madre donde permanecería durante veintisiete años. La hermana Jugan pasaría desapercibida ante las hermanas más jóvenes, pues no conocían que era ella la fundadora, sin embargo, no sería esto impedimento para que ella siguiera avivando el carisma y la misión de la obra que Dios le había confiado. Fue hasta 1902 que saldría a la luz la verdad sobre los inicios de la Congregación.

Murió el 29 de agosto de 1879, después de pronunciar estas últimas palabras: “Padre eterno, abrid vuestras puertas, hoy, a la más miserable de vuestras hijas, pero que tiene un deseo tan grande de veros... ¡Oh María, mi buena Madre, ven a mí! Tú sabes que te amo y cuánto deseo verte”.

Fue beatificada por san Juan Pablo II el 3 de octubre de 1982 y canonizada el día 11 de octubre de 2009 por el papa emérito Benedicto XVI.

“No olviden nunca que el pobre es nuestro Señor. Cuando estén cerca del pobre dense de todo corazón”.

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