Puede existir una serie de “pasos” para formar a Jesús en nosotros, primero tener la capacidad de verlo en todos, que sea nuestro objeto en cada uno de nuestros ejercicios diarios; san Juan Eudes habla de cuatro puntos que me parecen muy importantes ya que pueden capacitar al cristiano para formar a Jesús en él.

Primero debemos tener la capacidad de elevar profundamente nuestro corazón hacia él, además de formar a Jesús en nuestro espíritu, con el pensamiento fijo en él y escogiendo la mejor parte al contemplarlo como lo hizo María. “Yendo ellos de camino, entró en un pueblo; y una mujer, llamada Marta, le recibió en su casa. Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a los pies del señor, escuchaba su palabra, mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Acercándose, pues, dijo: “Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude.” Le respondió el Señor: “Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de una sola. María ha elegido la mejor parte, que no le será quitada.” (Lc. 10,38-42) Que también es importante; solo así estaremos preparados para realizar todas nuestras acciones conforme a su amor y a su divina voluntad y de alguna manera consagrarle a él, al todo todopoderoso, nuestra vida y nuestros afectos.

De otra parte, solo podremos formar a Jesús plenamente en nosotros por el vaciamiento, el anonadamiento de nosotros mismos, y de todo aquello que poseemos; san juan Eudes habla de la renuncia al mundo pero que no basta solo con eso para lograr el perfecto desprendimiento, sino que es necesario como dice el mismo Señor en mateo capítulo 16 verso 24 “Entonces dijo Jesús a sus discípulos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.” Con la realización de esto, solo así, podrá Jesús vivir y reinar en nuestros corazones, solo a él debemos anhelar, contemplar, agradar y amar.

Otro punto importante para formar a Jesús en nosotros, es acudir en todo momento con profunda humildad a la gracia divina, a la intercesión de todos los santos, de los santos ángeles de Dios y de nuestra santísima madre, la inmaculada concepción de María, abandonémonos en los brazos amorosos de nuestro Dios que todo lo puede y que nos da todo lo que le pedimos de acuerdo a su divina voluntad y a lo que nos conviene a sus predilectos.

Como María, postrémonos a los pies del Maestro siempre que podamos, ojalá podamos cada segundo de vida, y escuchemos atentamente y con cariño su palabra bendita, contemplando su poder, su grandeza y su amor infinito que supera todos los vaivenes de este mundo engañador.

Recordemos que hemos venido a este mundo por una razón, cada uno de nosotros con una historia de vida, con la personalidad, con las características únicas, pues cada uno de nosotros somos seres muy amados por Dios, únicos e irrepetibles, como reza el viejo dicho: “Dios nos hizo y botó el molde” hemos sido hechos a imagen y semejanza de Dios (Génesis 1, 26) estamos en el mundo única y exclusivamente para alabarle y adorarle, para glorificarle, para amar profundamente a Jesús y si hacemos vivir y reinar a Jesús en nuestro corazón, será Jesús mismo el que está adorando y alabando, glorificando y amando a Dios en nosotros y recordemos que la adoración perfecta es la de Jesucristo, pues es Dios mismo el que adora a Dios.

Que la paz de nuestro Bendito Cristo sea con cada uno de nosotros hasta el encuentro definitivo con el Padre. Amén.

Por: Daniel Picado y Simón Triana seminaristas eudistas.


 

Fuente principal: rccradio.fm

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