A san Juan Eudes le dolían las angustias de sus contemporáneos: la precariedad de vida de los campesinos, llenos de carencias materiales y agobiados por los impuestos; el drama de las mujeres prostituidas; el sufrimiento y abandono de los enfermos de peste… El compromiso del fundador con los pobres de su época, a través de acciones, obras, predicación y estrategias concretas, ilumina e impregna el ejercicio de la misericordia que debe caracterizar a los eudistas y a todas las obras que realizamos en la CJM.

 

El servicio a los pobres, el desarrollo socioeconómico y agropecuario, la pastoral caritativa, la pastoral de enfermos y el ejercicio de la misericordia son iluminados y alimentados por la Palabra de Dios y los sacramentos. La acción social es acompañada del anuncio explícito de Jesucristo y la invitación a abrirse al amor del Padre y a la acción del Espíritu Santo, único capaz de transformar el corazón del hombre.

Como responsables solidarios de una misma tarea apostólica, los eudistas hemos asumido, en distintas partes del mundo, el ejercicio de la misericordia a través de programas y proyectos que demandan dedicación, planeación y búsqueda de alianzas y de recursos. Fruto de esto ha sido la creación de empresas, cooperativas, fundaciones, etc., legalmente constituidas con sus respectivas personerías jurídicas.

Los sacerdotes, los laicos y los seminaristas eudistas realizan actividades pastorales que favorecen un clima de vida cristiana.

"Tres cosas se requieren para que haya misericordia. La primera es tener compasión de la miseria del otro, pues misericordioso es quien lleva en su corazón las miserias de los miserables. La segunda consiste en tener una voluntad decidida de socorrerlos en sus miserias. Y la tercera es pasar de la voluntad a los hechos" (San Juan Eudes).